Rachel

La silla está fría y aquí todo tiene una pulcritud inigualable, ni siquiera su cartera de piel blanca parece comparársele. Son las 8:30am y Raquel espera ansiosa su turno y, aunque no lo demuestre, los nervios le comen las entrañas.

9:40am y escucha que una mujer de esas que parecen relucientes hasta el más mínimo pliegue de su piel la llama. Entra, un hombre, le habla; no le importa, sabe lo que viene y eso le preocupa. Nervios, frío, puntada, ardor y succión. Hubiera deseado jamás tener que estar aquí, pero es por su bien.

El mismo hombre le habla y le da una cátedra de privacidad y respeto, esta vez lo escucha "30 minutos, nada más", treinta minutos repite en voz baja y su vida tomará otro rumbo.

Atrás quedó la limpieza del lugar, afuera ahora los parques, los niños y el perro que orina el árbol de su derecha le parecen enemigos, sobretodo ahora. Se intenta alejar, sin alarmarse "tranquila, todo saldrá bien" se dice a sí misma, sin convencerse, ya sabe el resultado.

De nuevo en el limpio lugar, la secretaria no está, tendrá que esperarla "más espera, no por favor...". Aparce el hombre que le hablaba, ahora parecía rodeado de un aura un tanto mezclada; de él dependía su futuro, si es que lo había.

Entran a una oficina y ella ya lo sabe "de antemano debo informarle que la prueba debe ser repetida", le dice el hombre; da lo mismo, es la sentencia lo que importa. "Cero positiva". Nada que Raquel no haya sabido antes. Largos meses en sufrimiento, sensasiones extrañas y sospechosas; "cero positiva" y otra vez embarazada.

El lugar ya no parecía tan pulcro, ante sus ojos parecía un laboratorio como cualquier otro, ni siquiera la enfermera se veía limpia; todo le daba asco.

Una hora más tarde, un par de ojos grises y una tierna sonrisa la esperaban en casa; otra portadora: su hija Mariana, la amaba demasiado como para dejarla sufrir. Llantos, gas y una explosión reconfortante, era el fin de su martirio; había salvado la dignidad de dos criaturas y, de paso, la suya.

0 comentarios

Make A Comment
top